Ojeda, Liliana María Alejandra. Prof. de Nivel Inicial.
Muchas veces nos encontramos en el aula con niños de naturaleza agresiva, pero a la vez son niños creativos, que cumplen las consignas que le proponemos.
¿Cómo actuar frente a esta problemática?
Es una realidad que no existen recetas mágicas porque cada niño es un ser individual con características propias y necesita su propia receta para que el docente pueda resolver esta situación y así aprovechar al máximo sus potencialidades, pero si podemos marcarnos una serie de metas que nos ayudarán a elaborar las estrategias que necesitamos.
La primera meta es construir un indicador de conductas a observar. Para ello debemos tener bien en claro cuales fueron las cosas que nos alarmaron de éste niño para que lo consideremos “agresivo”. Definiremos para observar los siguientes ítem:
Tipo de agresión: verbal, física, con objetos, etc.
Situaciones en las cuales se dan estas agresiones: ¿Cuándo juega? ¿Cuándo realiza actividades? ¿Cuándo esta aburrido jugando solo?
Características de la Agresión: pega, empuja, muerde, etc.
Hasta el momento tenemos un pequeño panorama de nuestro niño agresivo (a modo de ejemplo)
Niño observado: XXXXXXX
Tipo de agresión: física.
Situación: cuando juega.
Características: pega,
Si nuestra evaluación nos diera que este niño se mantiene agresivo en todas las situaciones (juegos, actividades, etc.), deberemos focalizarnos en la situación que más lo perturba.
Hasta ahora entonces sabemos que observar y donde.
La segunda meta sería construir indicadores de conflictos.
Sabiendo que el niño XXXXXX pega mientras juega, los indicadores podrían ser:
¿Qué juegos prefiere?
¿Con quiénes juega?
¿A quiénes pega?
¿Por qué les pega?
¿Qué motivó la agresión?
Siguiendo con el niño XXXXX. La observación nos da el siguiente informe:
XXXXXXX, prefiere los juegos en el rincón del hogar, juega en pares o tríos (colocar aquí el nombre de sus compañeros), les pega a sus compañeros de juegos y a los demás niños.
Se observa que les pega sin haber existido antes un conflicto o discusión.
Los motivos que lo alteran son: que no le den el juguete que quiere, que no cumplan sus reglas de juego, que el digan lo que debe hacer, etc.
Una vez que tenemos todos estos datos, releemos la ficha de entrevista inicial buscando datos significativos que pudieran haber brindado los padres. (Aquí es muy importante tener una ficha de entrevista que cumpla con el objetivo de brindarnos datos significativos)
Suponiendo que la ficha no arroje ningún dato importante, convocamos a la mamá o tutor para una reunión dónde le informamos la conducta del niño XXXXXX y comenzamos a indagar sobre las actitudes en el hogar tanto del niño como de sus padres.
Un punto importante que debería estar en toda ficha de entrevista inicial, es preguntar a los padres sobre las pautas culturales de crianza:
¿Cómo ponen los límites si el niño hace una rabieta, o se porta mal?
¿Cuáles son los castigos? ¿Por cuánto tiempo?
¿Quién es la autoridad más fuerte en el hogar?
Retornando a nuestro niño agresivo, la mamá nos cuenta que ella es la autoridad máxima en el hogar, que cuando el niño hace una rabieta o se porta mal ella lo soluciona con un machetazo o una paliza, que no hay otro tipo de castigo.
Según A. Bandura, el niño aprende los comportamientos agresivos por imitación de: modelos agresivos, mediante un aprendizaje vicario, (identificación especial de las figuras paternas).
Aquí estamos frente al punto crucial del problema, pues será nuestro punto de partida para resolver la problemática.
Tenemos un niño agresivo, con marcadas conductas familiares en las relaciones interpersonales. El niño ha aprendido a relacionarse con una ecuación muy simple: algo me molesta = golpe.
Un gran desafío, puesto que no podemos interferir en las pautas culturales de la familia pero sí podemos orientar la resolución del mismo a realizar actividades para que aprenda a usar su freno inhibitorio en esta situaciones y acudir a los profesionales que se dedican a ello. (Psicopedagogos, psicólogos, etc).
Debemos tener en cuenta que no solo estos aspectos evaluados son suficientes, sino que también debemos tener en cuenta otros aspectos tales como:
Habilidades cognitivas y conductuales para resolver situaciones conflictivas.
Interpretación que tiene el niño de cada situación.
Como vimos anteriormente nos encontramos en la sala con un niño con impulsos agresivos y debemos trazarnos un plan de acción para que el niño pueda:
Reforzar competencias sociales y emocionales.
Tomar conciencia de sus impulsos agresivos.
Aprender a manifestarse sin violencia.
Plan de acción:
1- Consulta a un especialista: tomando los datos del informe de observación de conductas realizadas solicitamos la consulta a un profesional sin pérdida de tiempo. Para ello elaboraremos un informe que contenga la mayor cantidad de datos posibles de la conducta del niño.
2- Estrategias de trabajo en el aula:
Código de convivencia.
Sistema de premios y castigos.
Registro de buenas y malas acciones.
Autocontrol del propio grupo.
Juegos cooperativos que pongan a prueba el cambio de actitud.
Es muy importante que estas estrategias involucren a todo el grupo de alumnos y que no solo sea para “algunos”.
Código de Convivencia:
Se realizará con los niños el código de convivencia de la sala, lo permitido y lo NO permitido. Puede realizarse a través de dibujos o figuritas recortadas de revistas.
Sistema de premios y castigos:
Se realizará por consenso grupal el sistema de premios y castigos tomando como base el código de convivencia, se definirá que premio corresponderá por acciones permitidas y el castigo por acciones No permitidas.
Registro de buenas y malas acciones.
Se llevará un registro de las buenas y malas acciones. El mismo se puede realizar en afiche utilizando botones con caritas tristes y alegres, o caramelos y cruces, que se colocaran al lado del nombre de cada niño al finalizar el día.
También se debe dejar aclarado que al finalizar la semana quien obtenga mayor cantidad de buenas acciones será acreedor a un premio.
Autorregulación del propio grupo.( En al tercera entrega ampliare este punto)
Este aspecto es importante puesto que los límites y el control de las acciones no solo será ejercida por al autoridad que es el maestro, sino que también por el mismo grupo que le hará ver (a este niño agresivo) que ellos no aprueban las malas acciones.
Esta autorregulación deberá ser definida por el mismo grupo a través del dialogo y el consenso: poniendo pautas claras de acción frente a situaciones agresivas.
Por ejemplo: Si XXXXXX pega, ¿Qué hacemos?: ¿lo ponemos en penitencia?, ¿no jugamos con el?, ¿lo mandamos a hacer otra actividad como ordenar, guardar, etc?
Según estudios psicológicos el tiempo estimado de castigo en el procedimiento de “tiempo afuera”, debe calcularse en 1 minuto por cada año de vida del niño. Por lo tanto el niño de sala de 5 años debería estar “tiempo fuera” de la actividad durante 5 minutos. Parece poco tiempo, pero para el niño se convierte en una verdadera eternidad, más aún si tenemos a mano un reloj donde el pueda tomar conciencia del transcurso del tiempo que se queda sin jugar.
Muchas veces la imposición de límites y la autoridad del docente no alcanzan para este tipo de niños ya que hacen frente a la misma de distintas maneras o simplemente al estar desvirtuada la figura del adulto (desde el hogar) como modelo de autoridad, se muestran indiferentes.
Cuando la fuente de imposición de límites la marcan sus pares, el niño comprende que no solo se trata de una penitencia puesta por el adulto sino que los demás están haciéndole ver que su comportamiento les afecta.
Juegos cooperativos que pongan a prueba el cambio de actitud.
Como una manera de evaluar si se cumplen los objetivos propuestos para esta etapa, es importante planificar juegos que pongan a prueba el cambio de actitud, se realizaran juegos netamente cooperativos y colaborativos donde cada miembro del grupo participe activamente. Los juegos en el patio son especiales para este fin ya que el niño deberá respetar consignas, esperar turnos de participación, respetar a sus compañeros y sobre todo aplicar el freno inhibitorio a sus impulsos agresivos.
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