Prof. Alejandra Ojeda.
Desde que nace el niño comienza su aprendizaje de lo que será su vida futura, pero el aprendizaje social recién se inicia con al aparición del “OTRO”.
Alrededor de los dos años, el niño, deja su individualidad para encontrarse con los otros niños y este contacto revela en él una necesidad de manifestarse que muchas veces se presenta como desordenado. El niño desea ponerse en contacto con el “otro”, pero no sabe como hacerlo.
Hasta este momento el niño había estado con objetos sobre los cuales podía manipular libremente, y de pronto se encuentra con un objeto que tiene reacciones propias y que puede resistirse a su acción.
El segundo inconveniente con el cual debe enfrentarse el niño es que, además de satisfacer su necesidad de relacionarse con los demás, debe desarrollarse como individuo distinto de los otros. Por lo tanto debe ser a la vez individuo y asociado, un problema no menor que le llevará un gran tiempo, pero que solo por la sociabilidad llegará a ser persona.
Las primeras experiencias de socialización en el niño de manifiestan casi siempre con un comportamiento agresivo.
Hay distintos tipos de agresión:
Agresión manual:
Es el tipo de agresión más común entre los niños de 2, 3 y 4 años y hasta 5 años. Los niños se empujan, se tiran, se atropellan y golpean sin causa aparente. Este comportamiento considerado antisocial en apariencia, es en realidad el primer contacto social donde la torpeza y la necesidad de manifestarse aparecen al mismo tiempo, por la misma necesidad de someter al otro como hacia con los objetos.
Por ello podemos observar que pueden pasar de la agresión a tentativas de relaciones pacificas.
En este tipo de agresión también puede derivar en lo que se denomina “cooperación torpe”, y es cuando, por ejemplo:
Un niño esta jugando con un objeto, llega otro niño y trata de apoderase de ese juguete comenzando la disputa. Ante la intervención del adulto poniendo a su alcance un objeto igual para niño, el niño agresor vuelve a intentar sacarle el nuevo juguete al otro niño. En este comportamiento lo que el niño agresor deseaba no era apropiarse del juguete, sino lo que desea es poseer “el conjunto que constituye el otro niño jugando con el objeto” (la acción del otro niño jugando) es una actividad de presociabilidad, que se denomina colaboración torpe porque el niño desea unirse al compañero, pero no sabe como lograrlo. Cree que apoderándose del objeto lo logrará.
En esta etapa la necesidad de socializarse entra en conflicto con la necesidad de afianzar su yo, el niño no quiere imitar, quiere identificarse.
Agresión oral:
En esta segunda etapa, la agresión no ha desaparecido, ahora se manifiesta a través del lenguaje o en forma simbólica.
El niño ya no trata de crear el contacto (la primera socialización a la fuerza), ahora trata de usar la persuasión. Ya no intenta ser, sino parecer superior al otro utilizando la realidad o la fantasía,lo que hace que su vanidad llegue a interminables manifestaciones. “yo soy mas fuerte”, “mi papa es mas grande”, “mi auto es mas lindo”, etc.
Estas manifestaciones son más frecuentes en las niñas y se trata de una forma de afirmación del “yo” en sentido social, afirmándose en una cooperación ulterior, ya que cada uno buscará mostrar qué valiosa colaboración llevará si el grupo se conforma.
A la agresión manual y oral se suma una agresión simbólica que integran las diferentes formas de exhibicionismo.
El niño no trata de probar su superioridad con golpes o palabras, sino que esta rindiendo frente a los demás los signos de esa superioridad. Esta característica aparece en la adolescencia en los varones en los objetos para mostrar y en las mujeres en forma de coquetería.
Deseo de importunar:
A los diversos modos de agresión se agrega “el deseo de importunar”, este deseo se presenta en varias formas, las dos más comunes son:
El niño busca simplemente molestar la actividad el otro interrumpiéndola (moviéndole el brazo cuando dibuja, poniéndose en su camino etc.)
Procediendo con rodeos (escondiéndole pertenencias, haciéndole caer, desabrochándole el delantal, etc.).
La sociabilidad en el niño es el punto de partida de su interacción con el medio que lo rodea y si bien el niño no posee mecanismos sociales armados, es necesario que aprenda “la vida en sociedad”.
Bibliografía:
COUSINET ROGER “La vida social de los niños”- Nova Bs. As.1972
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